5 de marzo de 2012

Una queja: pedir en el restaurante y no comer nada


Puede suceder que la atención no sea la mejor, o que la comida venga recalentada o floja. Así es la restauración. Pero lo que nunca me había pasado hasta ahora es pedir un plato, esperarlo una hora y cuarto, y que al final te traigan la cuenta, plato incluido, y nunca haberlo probado.

Fue el año pasado en Boris Club de Jazz, durante la presentación de "W" el nuevo disco de Vandera. Llegamos con hambre y nos sentamos al pie del escenario. Pedimos dos suculentos platos, una bondiola braseada y unos penne rigate con una crema de hongos… o algo así, porque la verdad es que no llegamos a probarlos. Después que nos trajeron el vino, el pan y el dip de queso crema, se apagó la luz y empezó el show. Hermoso, por cierto, lleno de hits. Pero mientras que los temas pasaban, los mozos no se acercaron ni por un momento a las mesas. Nosotros esperábamos los platos, el recital seguía y se ponía cada vez mejor.
 
Para cuando terminó, entre dos nos habíamos bajamos una botella de Manos Negras Pinot Noir 2009, el queso crema y la panera hasta las últimas consecuencias. Con la luz recién encendida y los músicos desenchufando sus cables, llegó el mozo con la cuenta: 210 pesos por no haber comido. Lo miro bien, y le digo:

-Flaco, acá me cobrás los platos que nunca trajiste…
Incrédulo, dijo:
-Cómo que nuca los traje –el acento era de Colombia.
-No. Eran dos principales y acá no veo ninguno.
-¿Cómo puede ser?
-Decime vos.
Duda, eterna duda de un instante: mentir y sostener la mentira contra viento y marea o hacerse cargo. Evidentemente se volcó por esta última opción.
-Tiene razón. Discúlpeme, nunca traje los platos.
La cuenta seguía en la mesa. El mozo seguía en su disculpa:
-Qué olvido. No puedo creer me los he dejado en la cocina. ¿Se los traigo?
Imaginé una bondiola braseada, petrificada en un charco de salsa petrificada en su grasa. Me dio náuseas.
-No. No la traigas. Dejá. Pero no me los cobres -señalé la cuenta.
Se fue y volvió en el acto, con la nueva adición: no figuraban los platos; sí el cubierto, el vino y el agua mineral.

7 comentarios:

Andrés Marcaccini y Noemí López dijo...

Hola Joaquín. Durante gran parte de mi carrera de grado y luego de posgrado trabajé de camarero en diferentes lugares. Recuerdo una vez trabajando en la pizzería haber llevado la pizza a la mesa de unos clientes y aún no les había colocado los platos y las bebidas (fue una de las tantas noches de locura debido a la cantidad de gente que había). Esas cosas suelen pasar, sobre todo cuando hay mucho trabajo.. ahora... luego llevarles la cuenta?? jejejej increíble pero sucede con más frecuencia de la que pensamos. El tema es que juste te toque! Vos decís que se olvidó porque era Colombiano? no no? Salute.

Joaquin Hidalgo dijo...

Claro que sucede, nomás. Y si tenés mala leche, armás escándalo y tal. No es mi caso. Me la fumé, escribí este texto y, hoy limpiando la máquina, lo encontré... me pareció valioso y vio la luz.

Ahora, lo del colombiano no tiene nada que ver con el valor de la anécdota. Sencillamente pinta una realidad de los restaurantes porteños, en donde cada vez laburan más inmigrantes como mozos. Algo que no me parece mal. Al contrario. Pero que no deja de llamarme la atención como fenómeno. De ahí que figure como dato de color en el relato. Nada más.

Salú!

Ariel Rodríguez dijo...

Qué miserables che! no tendrían que haberte cobrado nada, o, al menos no cobrarte los cubiertos (que no usaste).

Fabian Mitidieri dijo...

Buena experiencia!!! yo tampoco hubiera hecho lío, pero amablemente habría pedido hablar con el encargado y que me cobre solo el vino, que es lo que sí consumiste.
Salute

Pablo Monti dijo...

Interesante. Estuve en ese lugar el año pasado disfrutando del trío Epumer, Machi & Judurcha. La música, el sonido, tener a los músicos ahí nomas, todo de primera, pero el servicio tiene unos cuantos detalles que mejorar.

Pedimos entrada y principales, los cuales llegaron en tiempo, pero ese asunto de que te vengan a cobrar y despacharte ni bien termina el show me rompe. Y si te querés quedar un rato de sobremesa tomando una copa mas? Parece que no lo tienen pensado.

Otra cosa, para el vino solo tenían de esas copas feas que usa Mallmann en TV, sin pie(!). Ante nuestra pregunta si nos las podían cambiar, el mozo (no era centroamericano) nos dijo muy campante "Tenemos estas, ahora vienen todas así"(?)

Me parece definitivamente un lugar para ir enfocado en la música y no tanto en la experiencia gastronómica. Por mi experiencia recomiendo acompañar un vino con las entradas o tapas que tienen, y no ir a los principales, que no están tan buenos.

Joaquin Hidalgo dijo...

Ariel,

sin dudas unos miserables.


Fabian,

la verdad es que el cubierto lo consumí, eso, en el caso de que el dip de queso crema esté dentro del cubierto, claro.

Monti, tenés toda la razón. Sobre todo en eso de que te enchufan la cuenta ni bien los músicos se bajan del escenario. En cuanto a la comida, la posta ahí está sobre el esenario y no en la mesa. Tragos no probé, pero tengo buenas referencias, también.

Salú!

Anónimo dijo...

Cordialement pour le partage de l'information avec nous sur bienjugoso.blogspot.ru.